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Enero 25, 2016 16:55

Ciudadanos Glocales: La mirada en el mundo para moverse en el barrio

Ser un ciudadano del mundo era un aspiracional para los intelectuales ya en el siglo XIX, hombres como Sarmiento, se consideraban ciudadanos del mundo, a partir de haber vivido en diversas ciudades y sentir pertenencia en cada una de ellas. Es claro que cuando en 2016 uno dice Ciudadano Global, se imagina algo diferente a aquel ilustrado que medía su participación en kilómetros recorridos – casi como el Grand Tour de la aristocracia europea en los siglos XVII y XVIII. Hoy, con sentirse global, se puede ser global.

El movimiento o concepto del Ciudadano Global también tiene varios años y áreas vinculadas a lo geopolítico, pero su gran explosión no tiene más de 10 años y empieza a ser sujeto de estudio real hace apenas un lustro. El ciudadano global siente una pertenencia y lealtad al mundo superior a la de su estado- nación. Es que quizás ese ciudadano ya vive en una especie de nación multiestado o sin estado: Facebook, Twitter, Instagram. En estos espacios el individuo construye su identidad, más o menos directamente (en esto las plataformas condicionan la definición del "yo"), y se relaciona con otros individuos, no importa en qué parte del mundo esté. Los medios, el contenido, y por lo tanto la información que toman y se comparte es de cualquier parte de este planeta. 

Existen movimientos por todo el mundo por lograr una entidad supranacional para individuos. Desde la lógica de los bitcoins de hecho, un activista ha creado como piloto el pasaporte mundial. 


Nuevos sentidos de pertenencia

Pero esa mirada global muchas veces no implica una pertenencia "global" en términos genéricos sino generación de comunidades, más o menos pequeñas, con alcance global. A través de las redes, las personas tienen como referencia lo que piensan otros individuos como él en todo el mundo. Comparten problemáticas y soluciones. Incorporan y mezclan aspectos culturales, idiomáticos, simbólicos.

En algunas redes se vinculan por conocimiento personal, y trascienden fronteras a partir de personas que trascienden fronteras. Quedan amigos de aquel viaje o ese pariente que ahora vive en otra ciudad nos hace sentir que casi vivimos allí. Conocemos sus rincones, sus problemas, sus secretos. En otras redes, son los temas los que nuclean a las personas y la trascendencia geográfica es parte del diseño: nos interesa la fotografía, el calentamiento global, o diseños para pintarse las uñas. El tema, los referentes, las organizaciones, los grupos nos hacen sentir parte de algo más grande. Somos muchos. 

Esta mentalidad genera un consumidor que tiene estándares globales. Que pretende recibir todo lo que está disponible en el mundo. Mucho de esto es digital, y por lo tanto, se accede a ello no importa donde se esté. Música, películas, servicios, clases, libros todo lo que se puede digitalizar nos ha acostumbrado a que podemos tenerlo aunque se haya generado en la otra parte del planeta. También nos acostumbramos a que los bienes físicos demoran un poco más en llegar y tienen un costo mas alto, pero llegan. Todavía me acuerdo cuando leíamos que los juguetes eran de Japón, China o Alemania!. Y nos parecía increíble tenerlo en nuestras manos. Hoy ya no sorprende.

¿Pero qué pasa con lo que tenemos al lado?. Que pasa cuando la vista se ha puesto tanto en el mundo, en ese lugar inmaterial que nos permite materializarnos en cualquier parte que luego no podemos ver lo que tenemos más cercano.

Qué pasa cuando lo que tenemos cerca y era especial desaparece porque algo más grande, global, de fuerza arrolladora lo hace desaparecer. Al único que le debería importar es al que está cerca.

Y ha comenzado a importar. El volver a poner el foco en lo local es la tendencia que impulsan algunos grupos en particular (los ecologistas, los Bobos) pero que comienza a masificarse. Seguir siendo parte de lo "grande", mantener los estándares y compartir la información que nos brinda el mundo hiperconectado, pero conectarse con lo que está cerca nuestro: nuestra ciudad, nuestro barrio, el pequeño comercio de enfrente, el productor de la comunidad, el artesano que perpetúa nuestras particularidades culturales. Esa combinación de los grandes espacios y los pequeños espacios es la guía del consumidor Glocal.

Una buena muestra de dos mundos que se unen es una propuesta de American Express de 2013 – que fue furor en el mundo publicitario y se llamó Small Business Day. Un gigante globalizado (AMEX) a partir de herramientas de publicidad globales (Facebook) apoya al pequeño comercio barrial. Las herramientas de publicidad de compra programática prometen darle un espacio a la publicidad local, aunque aún no es claro si esta tecnología logrará el acceso al comercio local o lo dejará aislado para siempre (hay distintas opiniones sobre si estas herramientas abaratan o, por el contrario, excluyen de la publicidad online a los pequeños presupuestos)

 

Globalidad económica y un localismo social y político. 

A nivel de académicos hay muchos ocupados en la transformación de institucionalidad del mundo económicamente globalizado donde ganan fuerza política las ciudades, como unidad geopolítica que logra enfrentar y accionar con éxito sobre los temas que las unidades más amplias no han podido resolver. 

En el mundo de Google, Facebook, Airbnb, Uber, Slack y Snapchat, las ciudades se vuelven el espacio sustantivo. No es solo una moda. Hay una transformación institucional que se acaba de dar en Inglaterra a nivel de gobierno local o los anuncios de San Francisco en temas ecológicos, son muestras de la transformación que se están volviendo icónicas. Las personalidades más hot son los estrellas de Silicon Valley y los alcaldes de algunas ciudades. 

La sensibilidad local se vuelve fundamental para los jugadores globales. Google genera doodles locales.  McDonalds, la marca que es aún ícono de la globalización hace unos pocos años comenzó a incluir sabores locales en sus restaurantes. La empresa que se expandió basándose en un menú 100% norteamericano y una propuesta hiperestandarizada, hoy incluye productos y propuestas locales. 

¿Como vivir en esta dualidad casi esquizofrénica? Se dice que los millennials , a los que todo el mundo les presta atención a medida que comienzan a dominar la fuerza de trabajo y van cambiando los paradigmas, no sienten siquiera esa tensión. Para ellos es natural. Global y local coexisten cuando uso una plataforma global vía mi móvil para conversar con la persona que tengo delante. 

El vínculo con el concepto de globalidad por un lado y de localidad por otro, se absorbe de forma diferente según las culturas de base. La globalidad también se vive diferente en sociedades más abiertas culturalmente, acostumbradas a incorporar nuevas pautas. Algunas culturas son más aglutinantes y buscan nuevos modelos, otras permean más.

El concepto "Think Global, Act Local" surgió del movimiento ambientalista y hoy como lógica se expande a otros ámbitos. Solo siendo conscientes del todo, pero cuidando nuestra particularidad, nuestro pequeño margen de acción podremos lograr grandes cosas.


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